EDITORIAL

     La palabra tiene una gran fuerza vinculadora para el individuo y la sociedad. Es un gran elemento pacificador en las relaciones humanas. De ahí la importancia de solucionar los problemas a través del diálogo.

     Pero, ¿qué es diálogo? Cuando intentamos razonar nuestra opinión, no imponiendo criterios propios, sin ofender al otro...; cuando estamos en disposición de escucha, creyendo que no tenemos la verdad absoluta, que el otro nos puede aportar ideas positivas que nos enriquezcan o nos hagan cambiar nuestras ideas...

     El diálogo es el mejor antídoto contra la incomprensión e intolerancia.  Imponiendo criterios no se convence a nadie; lo más que se consigue es que el interlocutor se calle, no rebata esa opinión por respeto, educación o porque piense que no merece la pena seguir hablando con esa persona poco razonable.

     Esto es palpable en nuestras relaciones cotidianas; por ejemplo en la educación: no existe tal formación si no se consigue convencer al individuo que tratamos de educar con razonamientos, haciéndole ver que eso tiene sentido, que no es “porque lo digo yo” sin más.

     La sociedad amaliense ha experimentado un cambio positivo en la convivencia entre personas y asociaciones, a nuestro entender.      

     Recordemos la celebración del Día de Extremadura, en estos últimos años, en donde la participación de todas las asociaciones ayudaron para que se disfrutara de una convivencia inolvidable e histórica, en paz y armonía; en las exposiciones del “Agosto Cultural” y en todo lo que se nos ha propuesto desde el Gobierno Municipal que fuera encaminado al bienestar social y cultural de la población.

     ¿Acaso se necesita coincidir en ideas políticas o religiosas para tener palabras cordiales y trato amable?

     La buena acción no entiende de ideología política ni religiosa. Lo que cuenta es el hecho en sí, el bien que proporciona a las personas a las que beneficia.

     Siempre defenderemos valores como el respeto a la opinión distinta, a la convivencia en paz, a la no ofensa para imponer criterios interesados, sino defender posturas con razonamientos.

     ¿Qué esto es difícil? Por supuesto que sí, todo lo que tiene valor entraña dificultad, pero merece la pena intentarlo. Con ello conseguiremos una sociedad pacífica y fecunda.

     Vamos a esforzarnos todos un poquito: los políticos, sean de la tendencia que sean, tienen que ser ejemplo a seguir, como en una familia son los padres; “no hay mejor educación que predicar con el ejemplo”.

     Con esta buena disposición, deseamos a todos nuestros socios, colaboradores y lectores, ¡FELICES FIESTAS NAVIDEÑAS!